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DEBUT ESPERANZADOR

Mar. 16 (1R) – Con un parate que pudo haber suspendido el choque, el Millonario se agigantó en Medellín y venció 3-1 a Independiente.

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Bajo una lluvia torrencial comenzó el encuentro en un escenario pasado por agua, el negocio pudo más y no se suspendió. La pesadilla se llamó Cristian Nazarit, el poderoso centrodelantero que aprovechó la velocidad de sus piernas para ganar espacios. Nunca se supo si la pelota iba a quedar corta, larga o ninguna de las dos, fue una caja de Pandora. A los líricos como Ignacio Fernández y Ariel Rojas se les complicó ejecutar con habilidad dado el pésimo estado de la cancha, por lo cual se jugó al pelotazo de área a área. El mediocampo... bien, gracias.

 

Cuando Lucas Alario se estaba acomodando a pesar de las condiciones adversas, sobrevino un temporal aún más fuerte que elevó el enojo de Marcelo Gallardo. Wilton Sampaio, árbitro de la noche, decidió suspenderlo por media hora a la espera de una mejoría. Encima la bronca de la gente que se esforzó por ir y que debió soportar el frío y el consecuente clima. Tras más de media hora en los vestuarios, las autoridades probaron el terreno de juego nuevamente y dieron el ok para reanudarlo.

 

Ni bien regresó la acción, gol de Lucas Alario desde los doce pasos. Cristian Mosquera lo había talado minutos antes con una torpeza evitable. De arremetida, mala salida de David González y viveza de Sebastián Driussi para estirar la ventaja. De casi suspenderse a estar cómodamente arriba en el marcador. Ni el más optimista lo hubiera pensado. Augusto Batalla también hizo lo suyo en el mano a mano al conservar su valla invicta con autoridad. El tándem Ponzio-Rojas se asentó en el círculo central y clausuró las intenciones del DIM, muy poco claro en sus avances.

 

Cristian Marrugo quiso contagiar garra pero sus compañeros no estuvieron lúcidos para entender el mensaje ni faltarle el respeto al rival. Se fue la deseada primera parte con una ventaja que llamó la atención por la rapidez de los tantos. Luis Zubeldía se mostró muy molesto por los fallos del juez, que a priori estuvo acertado y sin polémicas por analizar. Claro está, el local necesitaba forzar la confusión para equilibrar un partido que se le fue de las manos repentinamente.

 

Vaya si el descanso le había hecho bien a River que amplió con Lucas Martínez Quarta, producto de una volea espectacular. Locura y dedicatoria a Bautista, su reciente hijo. La contestación llegó con Juan Valencia por izquierda, aunque sin el aire suficiente para finalizar los ataques. Juan Quinteros no fue el conductor que el dueño de casa precisó, por lo tanto no gozó del fútbol esperado por sus hinchas. Didier Moreno ya no daba abasto en la contención y así recurrió al juego brusco, como el resto.

 

Buenos ingresos de Camilo Mayada y Carlos Auzqui para refrescar la banda derecha. Ariel Rojas, la clave del triunfo, manejó los tiempos a su gusto en una baldosa, además de potenciar la función de Leonardo Ponzio. El liderazgo de Jonatan Maidana para aniquilar el peligro y permitir rápidamente la contra tampoco quedó atrás. Sobre el final, penal infantil de Augusto Batalla que Juan Quinteros canjeó por el descuento. Con el karma de los instantes finales y la esquiva suerte, el pánico amagó con aparecer pero el pitazo liquidó una larga noche. Los primeros tres puntos de un nuevo sueño.

 

Copyright © 2017 – Lucas Ajuria - 1RIVER - Buenos Aires – 16 de marzo de 2017

Notas y entrevistas Antonio Casellii
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